25/7/16

#Hopper, luz y cine

La soledad y lo público


    No recordamos a Edward Hopper por haber roto con las normas estéticas precedentes ni por haber sido un gran innovador con su técnica. Nos gusta porque ha conseguido la expresión del mundo personal e íntimo de nuestra sociedad a través de sus imágenes de lo cotidiano, transformadas en universales. La mayoría de los cuadros por los que se le identifica (década 50-60) contienen en su título la parte del día que representan y la luz que la caracteriza; en "Morning Sun", o "South Carolina Morning" se representan edificios y personajes solitarios, un vacío con el que pretende mostrar la falta de comunicación en la sociedad contemporánea.

    Desde muy temprano mostró una gran fascinación por la luz; admiraba el el dramatismo que conseguía. Dominó la técnica a la perfección con la que consiguió contrastes característicos de su obra entre brillantes interiores iluminados y las tinieblas que se adivinan al otro lado de la ventana. Dibujaba y dibujaba hasta la saciedad, trabajaba con bocetos a lápiz en los que anotaba todos los detalles; sin duda un legado tan atractivo como sus pinturas ya que podemos observar la evolución del proceso creativo.


    Además del personal empleo de la luz el tratamiento cinematográfico de las escenas es otro de los rasgos diferenciadores de su pintura. Hopper iba varias veces al cine cada semana y su pasión por el celuloide se nota en su impecable sentido del encuadre y la atmósfera solitaria y enigmática de muchos cuadros que recuerdan a los "thrillers" de los años 20 y 30. Decía de su pintura: "Es probabelemte un reflejo de mi vida, si me permiten decirlo, de la soledad, no sé. Podría ser la condición humana".

    Existen otras pinturas menos conocidas como las "escenas marinas" realizadas la mayoría en Cape Cod, su otro gran tema recurrente junto con las habitaciones, cafés y otras escenas urbanas. En estas marinas, con barcos o faros en la lejanía se observa una perspectiva diferente. No es tan evidente la melancolía o la soledad, sobre todo destaca un azul intenso que otorga mucha más vitalidad que el resto de sus obras. Un brisa de aire fresco ante tanto desasosiego.



"The long leg" (1930)


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